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PREGÓN FESTAS SAN ROQUE 2016 

(subiendo vídeo, disponible en breve)
Por  José Ramón Alonso de la Torre Núñez:

"Vilagarcianos de toda la vida, vilagarcianos de un verano, vilagarcianos de una semana, de unos días, de un rato… Vilagarcianos y vilagarcianas…

No he subido al balcón del Concello a decir el pregón de las fiestas de San Roque. He subido a este balcón a reñiros. Pero no a todos, solo quiero reñir a los vilagarcianos de toda la vida, que os diferenciáis de los turistas y de los vilagarcianos de ocasión en que no acabáis de creeros vuestra ciudad. Nunca os la habéis creído.

Sois tan autocríticos y tan poco complacientes con lo vuestro, que siempre estáis poniendo pegas a Vilagarcía. Y bien está que seáis inconformistas, bien está que exijáis lo máximo a vuestros gestores, bien está que sepáis señalar lo malo y lo mejorable, pero ¡caramba!, no puede ser que tengamos que venir de fuera a deciros que vivís en una ciudad habitable, divertida, bonita, armónica y tranquila y vosotros intentéis quitarnos esa idea de la cabeza señalándonos todo lo malo.

El mes que viene, hará 35 años desde que llegué por primera vez a Vilagarcía de Arousa. Escogí vivir aquí porque en un libro que tenía mi padre había visto una foto preciosa de Vilagarcía con una playa estupenda, un bello balneario y un espectacular muelle de hierro. Pero cuando bajé del tren, descubrí que aquella foto del libro de mi padre era muy antigua y encerraba tres mentiras: ya no había muelle de hierro, ni Gran Balneario La Concha de Arousa ni una magnífica playa.

Y empecé a descubrir ese alma crítica, incluso derrotista, de los vilagarcianos de la que enseguida me contagié. Todo era recordar los tiempos gloriosos de la Armada inglesa, o cuando Sir Arthur Rubinstein venía a dar conciertos de piano al Casino, o la época en que del puerto de Vilagarcía salían buques de pasaje hacia América y a las tiendas de la ciudad llegaban los últimos perfumes franceses antes que a Madrid. Y todo era comparar esa edad de oro con los tiempos grises que vivíamos en los años 80.

¿Pero solo eran tiempos grises aquellos 80? No, para los vilagarcianos, también eran grises los felices años 20, cuando en el periódico "Galicia Nueva" se aseguraba que esta ciudad no se despertaba ni a trompetazos, y era gris el desarrollismo de 1970, cuando Segundo Mariño escribía en "La hora de Arosa" que en Vilagarcía todo era en potencia, pero nada cristalizaba, y era gris todo el pasado, así, en general, porque como decían nuestros bisabuelos y recoge Manu Villaronga en uno de sus libros: "Vilagarcía non era nada".

Precisamente en estos días, hace 30 años que empecé a escribir artículos sobre Vilagarcía en La Voz de Galicia. Fue en agosto de 1986 cuando publiqué mi primera columna, bajo el epígrafe de Perlas Arosanas, antecedente del Callejón del Viento, y ya desde el primer renglón me hacía eco de ese espíritu vilagarciano exigente, crítico y perfeccionista del que me había contagiado: denunciaba en aquel primer artículo que viniese a Vilagarcía la tuna de León a despertarnos a las dos de la mañana. ¡Qué escándalo, una tuna, a las dos de la mañana, y, además, de León!


Ya era un vilagarciano más y si concedían una bandera azul a la playa de Compostela, me fijaba y nos fijábamos más en la arena gorda y poco fina que en el orgullo de conseguir tal galardón europeo; si Fexdega batía récord de visitantes, destacábamos los tres o cuatro galpones cutres del recinto, no el éxito de la feria, y si se colocaban farolas de calidad en el paseo marítimo y los gamberros las rompían, no criticábamos a los gamberrros, sino que se pusieran farolas que se podían romper. Y así con casi todo.

En el año 2001, tras 20 años viviendo aquí, regresé a mi ciudad natal, Cáceres, y luego, cuando he vuelto a Vilagarcía, ya como turista, he constatado que, a pesar del pesimismo, los gobernantes de esta ciudad, fueran del color político que fueran, se han empeñado en mejorar y progresar sin desalentarse por las críticas y me he dado cuenta de que Vilagarcía se ha convertido en la ciudad más habitable que conozco. Lo cual, a vosotros, como buenos vilagarcianos, os parecerá una exageración.

Vivimos o veraneamos en una ciudad peatonal y paseable, con razonable actividad cultural, muy bien comunicada, con una hostelería y un comercio donde priman la calidad, el diseño de vanguardia y el servicio eficaz, donde a pesar del paro y de los problemas estructurales que aquejan no a Vilagarcía, sino a toda España, no se depende solo del sector primario o de los servicios.

Podría seguir señalando bondades y estoy seguro de que a cada afirmación positiva mía, vosotros opondríais un pero y un dato que la desmintiera. Al fin y al cabo, sois vilagarcianos y no os vais a dejar llevar por esa enfermedad tan vulgar y ordinaria llamada optimismo.

Me diréis que el puerto no despega, que los bares están medio vacíos en noviembre, que el comercio se muere, el turismo se estanca, la industria desaparece y en la playa no hay olas. Y algo de razón tendréis, aunque, de verdad, creedme, vivís en una ciudad envidiable, en una ciudad que prospera, en una ciudad que cada vez es más habitable, más bonita, más perla de Arousa…

Y no permitáis que tengamos que venir de fuera a convenceros de tantas bondades. Exigid la perfección, claro que sí, mas no dejéis nunca de presumir de Vilagarcía de Arousa porque esta ciudad tiene muchas razones para sentirse orgullosa de ser como es.

Pero no os voy a reñir más. Empiezan las fiestas de San Roque, que este año prometen más diversión que nunca con su festival de cine, sus conciertos, su Combate Naval, su Festiclown y su inimitable Fiesta del Agua.

Voy a acabar, precisamente, con la Fiesta del Agua porque ese acontecimiento tan singular me permite explicar cómo es un vilagarciano de toda la vida. Resulta que media España está desesperada intentando inventarse una fiesta que atraiga a 5.000 personas al menos y revitalice la hostelería y el comercio durante un par de días. Y se inventan festejos de tractores amarillos o de asnos del país, de la espuma de afeitar o del vino clarete con gaseosa, del pan de molde, del huevo roto con chistorra o del bollo "preñao"… Y si no funciona el invento, montan un festival de zambombas o contratan a Bruce Springsteen. Vale cualquier cosa con tal de atrapar a las masas.

Pues bien, en Vilagarcía, hemos conseguido atraer todos los veranos a una multitud sin proponérnoslo. No hemos necesitado ni contratar a los Rolling ni regalar empanada. San Roque ha obrado el milagro de juntar cada 16 de agosto a 50.000 pirados, que recorren las calles pidiendo algo muy simple: que les echen agua. Solo una ciudad tan especial como esta es capaz de conseguir tal hazaña.

Sin embargo, muchos vilagarcianos mayores de 30 años, en lugar de presumir de esta fiesta portentosa e inexpicable, que, por cierto, imitan ya en pueblos y ciudades de todas las regiones españolas sin conseguir pasar de la copia, los vilagarcianos maduros, digo, no hacemos más que ponerle pegas a la fiesta: que si son demasiados, que si beben, que si mean, que si comen, que si gritan, que si se besan, que si lo enseñan todo, que si no van a la procesión ni dan los buenos días… ¡Pero bueno! En otras ciudades, matarían por tener una Fiesta del Agua como la nuestra. Pero aquí no hacemos más que ponerle pegas.
¡Qué le vamos a hacer! Somos así, somos vilagarcianos, somos críticos, exigentes, inconformistas, tocapelotas… Sigamos siendo así. Sigamos exigiendo la perfección, pero, ¡carallo!, que no tengan que venir de fuera a decirnos que Vilagarcía es una maravilla. Y de vez en cuando, solo de vez en cuando, presumamos orgullosos de nuestra Vilagarcía de Arousa, de la ciudad donde mejor se vive y más se disfruta.

Se acaba ya el pregón. Se acaba la riña. Ahora, reíd, bebed, comed, gritad, mojaos, besaos, enseñadlo todo y sed muy felices en las fiestas del santo patrón. Alcalde, Concejales, Autoridades, vilagarcianos… Muchas gracias por hacerme pregonero de la ciudad que tanto amo… Muchas gracias y gritad conmigo: ¡Viva San Roque!"

VILAGARCÍA DE AROUSA- 11 DE AGOSTO DE 2016

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